martes, 20 de noviembre de 2007

El misterio de la tercera estatua -1

Donde se trata cómo un obispo hizo perder la cabeza a Fulcanelli, a Grillot de Givry, a Canseliet y a otros más, entre ellos al autor.

Primera parte, con un Apéndice y un Excurso.

Escenario : Nôtre-Dame de Paris. Fachada principal.
Li vilains babuins est cil ki va devant Nostre-Dame, à Paris, et regarde les rois et dist : “Vés-la Pépin, vés-la Charlemainne”, et on li cope sa borse par derière.*
* De un ms del siglo XII. Didron Ainé, “Nôtre-Dame de Paris”, en Annales Archéologiques, 21 (1861).



Desde la publicación de la obra de Zachaire, a mediados del siglo XVI, sabemos que era costumbre de los alquimistas reunirse en alguna iglesia, especialmente Nôtre-Dame. Pero, aparte del dato, no hay menciones de imágenes concretas. La primera descripción e interpretación de motivos de la basílica metroplitana, realizada en 1640 Esprit Gobineau de Montluisant, incluye el parteluz del portal de santa Ana:
9° Au pilier, qui est au milieu, et qui sépare les deux portes de ce Portail, est encore la figure d'un Evêque, lequel met sa Crosse dans la gueule d'un dragon, qui est sous ses pieds, et qui semble sortir d'un bain ondoyant, dans lesquelles ondes parait la tête d'un Roi, à triple Couronne qui semble se noyer dans les ondes, puis en sortir derechef.
Lo que ve Gobineau en el nicho del que surge el dragón son las ondas del baño mercurial, cuyo símbolo clásico, el dragón, expresa su poder disolvente y volatilidad. El rey triplemente coronado es el azufre, que pugna por no ser disuelto. El obispo es el sabio artista químico, que debe fijar esa composición aplicando un calor externo suave.

En 1724 Henri Sauval, en el capítulo "Visions des chercheurs de pierre philosophale" de su Histoire et recherches des antiquités de la ville de Paris, t3, evoca, sin nombrarlo, el análisis de Gobineau. Dice de los alquimistas:
Ils decouvrent mille belles choſes avec les vingt-huit Rois qui regnent le long du portail, ſur tout dans la ſigure même de Guillaume de Paris. Ce n'eſt pas ſans raifon , diſent-ils , que le bout de ſon bâton Paſtoral eſt de fer & entre dans la gueule d'un dragon, qui cache ſa queue dans un bain d'où ſort de la fumée & une tête de Roi.
Sauval aporta datos para el tema que estamos siguindo*. Observamos, por ejemplo, que los alquimistas (Sauval conoce seguramente la identificación religiosa) reconocen en el obispo a Guillermo de París. También han identificado el material del báculo, hierro y no madera, bronce, plata u oro. La razón es clara: a principios del siglo XVIII hace ya mucho tiempo que el régulo marcial –en la época de Gobineau esta alcanzando la cima de su carrera triunfal- está omnipresente en la alquimia. Los alquimistas de Sauval además del agua que veía Gobineau, ven humo saliendo del baño.


* Sauval menciona sobre las creencias de los alquimistas varios datos que leemos en Fulcanelli, como el cuervo y el monolito. Lo damos en apéndice.

Treinta años más tarde, M. l’abbé Lebeuf, en el primer tomo de L’histoire de la Ville et de tout le diocese de Paris (1754), llama al portal de santa Ana troisème portail y describe así el parteluz:
Au-deſſus de l’entrée eſt encore une Notre-Dame aſſiſe , la Crêche, les trois Mages ; les huit ſtatues donc il y en a quatre de chaque côté , paroiſſent être plus anciennes que le XIII Siècle, mais non pas la ſtatue de Saint Marcel, reconnaiſſable par ſa croſſe , ſa mître, & par le dragon qui eſt ſous ſes pieds; elle eft placée au trumeau qui ſépare les deux battans de la porte.
Lebeuf parece que se equivocó con la antigüedad de la estatua de Marcelo, pero nos certifica que el obispo ya había sido identificado, precisamente por el dragón.

En 1910, cuando el enigma de la identidad lleva dos siglos resuelto, Huysmans lo verá muy fácil (Trois églises et trois primitifs):
La lecture de cette scène est très simple. Il suffit d'ouvrir les Bollandistes. La légende de saint Marcel, neuvième évêque de Paris, raconte, en effet, que ce saint ...
No hemos tenido oportunidad de consultar el tomo correspondiente al primero de noviembre de las Acta Sanctorum. Más fácil de consultar, aunque no muy útil como fuente, es el tomo 13 de Les Petits Bollandistes, que trae un relato breve de la vida de saint Marcel, évêque de Paris. La fuente más antigua es Venancio Fortunato*. El obispo Marcelo vivió en el siglo V y aproximadamente un siglo después escribió su vida Fortunato, de origen italiano, que fue obispo de Poitiers.

El milagro cierra el relato de la vida de Marcelo. Last but not least: cum sit ultimum ordine, anteponitur in virtute.


Matrona quaedam prosapia nobilis opinione vilis, malo maculans crimine quod fulgebat ex genere, postquam dies fugitivae vitae rapta luce conclusit, ad tumulum pompa comitante sed non profutura processit. Quo condita, horresco referens hoc contigisse post funera, quia duplex nascitur lamentatio de defuncta. Ergo ad consumendum ejus cadaver coepit serpens inmanissimus frequentare et ut ita dicam clarius mulieri cuius membra bestia devorabat ipse draco factus est sepultura. […] Hoc cognito beatus Marcellus intellegens se de cruento hoste triumphum adquirere, collecta plebe de civitate progreditur et relictis civibus in prospectu populi solus Christo duce ad locum pugnaturus accessit, et cum coluber de silva rediret ad tumulum, obviantes se in vicem, dante orationem beato Marcello,ille capite supplici coepit veniam blandiente cauda precari. Tunc beatus Marcellus caput eius baculo ter percutiens, misso in cervice serpentis orario, triumphum suum ante civium


oculos extrahebat. Sic in spiritali theatro spectante populo solus cum dracone pugnavit. Hinc confortatus populus cucurrit ad episcopum cupiens hostem suum videre ceptivum. Tunc praecedente pontifice bestiam fere tribus milibus omnes prosecuti sunt reddentes gratias domino et solventes exsequias inimico. Deinde increpans eum beatus Marcellus dixit: Ab hac die aut deserta tene aut in mare demerge. Mox dimissa bestia, nulla eius ulterius indicia sunt inventa.*

* El texto latino completo de el episodio, con traducción al italiano, puede leerse aquí:
http://www.valsesiascuole.it/sussidi/ame/agiograf.htm
La obra de Fortunato está en Patrología Latina, 88 y en Monumenta Germaniae Historiae, Auct. antiq., tom. IV, partes I y II, edición crítica. La Legenda aurea da algunos extractos, como el del milagro del dragón, que reproduce las imágenes.


Una cierta dama casada, de alcurnia noble, de fama vil, manchaba con torpe delito el brillo de su ascendencia. Cuando privada de la luz concluyó los días de su errante vida, marchó al sepulcro acompañada de una pompa que no le aprovecharía. En él sepultada, me horrorizo al contar lo que sucedió tras los funerales: un lamento doble nace de la difunta, debido a que una serpiente horribilisíma empezó a acercársele reiteradamente para consumir su cadáver,y, para decirlo más claro, al devorar la bestia su miembros, el dragón se convirtió en sepultura para la mujer. […] Al saberlo, el beato Marcelo, comprendiendo que alcanzaría el triunfo del sanguinario enemigo, reunida la gente, sale de la ciudad y dejando los ciudadanos, ante la mirada del pueblo, sólo, guiado por Cristo, se acerca al lugar para luchar. Como la culebra volviera del bosque al túmulo, al encontrarse frente a frente, orando el beato Marcelo, aquella, con la cabeza suplicante y moviendo la cola, empieza a solicitar gracia. Entonces el beato Marcelo, golpeando tres veces su cabeza con el báculo, poniendo el orario en su cabeza, mostraba su triunfo ante los ojos de los ciudadanos. Así, mientras lo contemplaba el pueblo como en un anfiteatro espiritual, luchó solo con el dragón. Entonces el pueblo, ya tranquilizado, corrió hacia el obispo deseando ver al enemigo cautivo. Entonces, precedidos por el pontífice, marcharon todos casi tres millas dando gracias a l Señor y liberando a las exequias de su enemigo. Luego le dijo el beato Marcelo increpándola: Desde este día o mantente en lugares desiertos o lánzate al mar. Enseguida se dejó ir a la bestia y posteriormente nunca se han encontrado rastros de ella.

Al leer este relato es casi imposible no tener el impulso de asociarlo mentalmente con el último emblema de la Atalanta de Maier, como hace Canseliet. Pero el texto en el que está basado el emblema es alquímico y no religioso y tema muy diferente.




APÉNDICE






EXCURSO


Además de las vidas, Fortunato escribió poemas religiosos, algunos de los cuales la Iglesia ha usado como himnos. Posiblemente el más conocido sea el Vexilla regis, al que se le añadieron, parece ser, algunas estrofas espúreas. A una de ellas pertenece el verso de la famosa –por varios motivos- cruz de Hendaya: O crux, ave spes unica.

O crux, ave spes unica! Hoc passionis tempore auge piis justitiam reisque dona veniam. ¡O cruz, única esperanza! En este tiempo de pasión aumenta a los píos la justicia y a los delincuentes concede perdón.*


* La traducción rimada es de Cipriano de Valera, Dos tratados, del Papa, del Papa y de la Missa, 1588. Cipriano, bien conocido por su traducción-revisión de la Biblia reformista de Reina, usa este motete para mostrar la adoración a la cruz y, por consiguiente, la idolatría en el catolicismo.

Excepto el primer verso, la estrofa tuvo diversas variantes. Sobre todo el segundo verso cambiaba según el tiempo: en la cuaresma, in hoc passionis tempore; en la invención de la cruz (3 de mayo), in hoc paschali tempore o bien paschale qui fert gaudium; en la exaltación de la cruz (14 de septiembre), in hac triumphi gloria. Una variante del último verso es reisque dele crimina.



Otro poema de Fortunato, cantado también como himno y que por tanto recibió muchas variantes, fue el Pange lingua. Invitamos a oírlo en versión gregoriana. El canto modifica un poco el himno de Venancio: se inicia con la penúltima estrofa, que utilizará también como estribillo alternando sus dos mitades, y añade una estrofa al final.

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Crux fidelis inter omnes arbor una nobilis;
nulla talem silva profert, flore, fronde, germine.
Dulce lignum, dulce clavo, dulce pondus sustinens.

Pange lingua, gloriosi prelium certaminis,
et super crucis tropheo dic triumphum nobilem,
qualiter redemptor orbis immolatus vicerit.

Crux fidelis inter omnes arbor una nobilis;
nulla talem silva profert, flore, fronde, germine.

De parentis protoplasti fraude factor condolens,
quando pomi noxialis morte morsu corruit,
ipse lignum tunc notavit, damna ligni ut solveret.

Dulce lignum, dulce clavo, dulce pondus sustinens.

Hoc opus nostre salutis ordo depoposcerat,
multiformis proditoris ars ut artem falleret,
et medelam ferret inde, hostis unde leserat.
Crux fidelis ...

Quando venit ergo sacri plenitudo temporis,
missus est ab arce patris natus, orbis conditor,
atque ventre virginali carne factus prodiit.
Dulce lignum …

Vagit infans inter arcta conditus presepia,
membra pannis involuta virgo mater alligat,
et manus pedesque et crura stricta cingit fascia.
Crux fidelis ...

Lustra sex qui iam peracta, tempus implens corporis,
se volente, natus ad hoc, passioni deditus,
agnus in crucis levatur immolandus stipite.
Dulce lignum …

En acetum, fel, arundo, sputa, clavi, lancea,
mite corpus perforatur, sanguis unda profluit,
terra, pontus, astra, mundus, quo lavantur flumine.
Crux fidelis ...

Flecte ramos, arbor alta, tensa laxa viscera,
et rigor lentescat ille, quem dedit nativitas,
ut superni membra regis miti tendas stipite.
Dulce lignum …

Sola digna tu fuisti ferre seculi precium,
atque portum praeparare nauta mundo naufrago,
quem sacer cruor perunxit, fusus agni corpore.
Crux fidelis ...

Equa patri filioque, inclito paraclito,
sempiterna sit beate trinitati gloria,
cuius alma nos redemit atque servat gracia.

Dulce lignum, dulce clavo, dulce pondus sustinens.

Cruz fiel, árbol único noble entre todos;
ningún bosque aprovecha tanto por su flor, su rama, su brote.
Dulce leño, dulce clavo, dulce peso sosteniendo.

Canta, lengua, la batalla del glorioso certamen,
y cuenta el noble triunfo por el trofeo de la cruz,
cómo el redentor del orbe venció inmolado.




Compadecido del engaño a nuestro primer padre,
cuando pagó con la muerte por la mordedura al fruto fatal,
entonces él observó el leño, para pagar el daño del leño.



El orden de nuestra salvación pedía esta obra,
que engañase el arte del multiforme traidor,
y trajese la cura de allí dónde el enemigo había herido.


Cuadno llegó pues la plenitud del sagrado tiempo,
fue enviado desde la ciudadela, nacido del padre, creador del orbe, y bajó, hecho carne en un vientre virginal.


Gime el niño, oculto entre los estrechos pesebres,
su madre sujeta su cuerpo envuelto en paños,
y sus mano, pies y brazos ciñe con una estrecha cinta.


Pasados ya seis lustros, cumpliendo el tiempo del cuerpo,
pro su voluntad, nacido para ello, entragado a la pasión,
como un cordero es llevado a inmolar en el palo.


He ahí el vinagre, la hiel, la caña, el esputo, los clavos, la lanza; el suave cuerpo es perforado, la sangre mana como río en el cual se lavan la tierra, el mar, los astros, el mundo.


Doblega las ramas, árbol alto, relaja tus vísceras tensas,
y que se suavice aquella rigidez que te dio tu nacimiento,
para que los miembros del rey celestial extiendas en un palo blando.

Sola tú fuiste digna de llevar el precio del siglo,
y, navegante, preparar un puerto para un mundo náufrago,
al que la sagrada snagre ungió, derramada del cuerpo del cordero.

Igual para el padre, el hijo y el paráclito,
sempiterna sea la gloria de la beata trinidad,
cuya alma nos redime y conserva en gracia.

Y aquí la versión del Pange lingua atribuida a Tomás de Aquino, cantada por Mocedades.

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Próximamente, la continuación previsible :
El misterio de la tercera estatua -2. El áspero debate.