domingo, 9 de diciembre de 2007

El misterio de la tercera estatua - y 4



El misterio de la primera estatua

Donde se nos desvela que la tercera estatua no era la de Givry, sino la de Fulcanelli

En 1843, el año de la publicación del Cours de Cambriel, Lassus y Viollet-Leduc presentaron su Projet de restauration de Notre-Dame de Paris, refiriéndose a las estatuas del siglo XII del portal Sainte-Anne, escriben:

Malheureusement, des statues si curieuses, qui ornaient cette porte, il ne reste plus que celle de Saint-Marcel, restaurée maladroitement en 1818.

En 1856, en la Description de Notre-Dame, cathedrale de Paris, Viollet-le-Duc da más detalles del parteluz:

La figure longue et mince adossé au pilier-trumeau est celle de saint Marcel, neuvième évêque de Paris, mort le 1er novembre 436. Elle appartient au style des sculptures du XIIe siècle. Le costume du saint évêque est complet : aube, tunicelle brodée de palmettes, étole frangée, chausuble ronde relevée sur le bras, amict abaissé autour du col. La main gauche tient un long bâton de crosse, dont la volute a été cassée ; la droite fait un geste de bénediction. Brisée pendant la révolution, cette statue a été rapiécée en 1818 ; elle manque de style. Le pied droit du saint foule la tête d’un monstre, à deux pattes armées de griffes et queue de serpent. Ce dragon est sorti du linceul qui enveloppe le corps d’une femme couché dans son tombeau. Un arceau appuyé de deux colonnetes recouvre ce sépulchre taillé dans la pierre et, suivant l’usage ancienne, plus étroit au pieds qu’à tête.

El relieve está esculpido sobre el pilar, es decir, no está adosado, sino que forma cuerpo con él. En 1818 fue restaurado o más bien remendado, inhábil y carente de estilo. No es sólo la opinión de Viollet-le-Duc, en 1836 Didron l’aîné escribía que, por su calidad del santo de protector de los pobres, la estatua de san Marcelo escapó a la destrucción de la Revolución, pero «a été deshonoré par un restaurateur moderne»*
* Revue de Paris, 28 (1836)

El nombre del restaurador lo dio en 1820 la Biographie générale antique et moderne, tomo 26, voz “Saint-Marcel”: Cette même historie [la del dragón] se trouve représentée sur le bas-relief de la statue du saint, qui décore le trumeau de la partie droite sur la façade principal de l’église de Notre-Dame , tel qu’elle a été réparée par Romagnesi*.

* Los datos referentes a Romagnesi son bastante difusos. Existieron dos, aîné y fils, ambos adornistas y escultores, que trabajaban especialmente con un cartón-piedra inventado por el primero. Las fechas problables de nacimiento y muerte del aîné son 1776-1852. En 1836 publicó una obra sobre ornamentación. La restauración de san Marcelo debio hacerla él. Su nombre era probablemente Joseph-Antoine y el del hijo Louis-Alexandre, pero se encuentran confundidos. En 1812 expuso un bajorrelieve en escayola imitanado mármol de Minerva protegiendo al rey de Roma, pero al finalizarla en mármol la convirtió en Minerva protegiendo a Francia, su obra más conocida, que se encuentra en el Musée des Augustins de Toulouse. Romagnesi hijo empieza a individulizarse a partir de 1846, así que esta podría ser la fecha real de la muerte del padre.

En 1921 Gilbert, Description historique de la Basilique Metropolitaine de Paris, pág. 78, da también la fecha en que fue rota la estatua: «La statue de saint Marcel, mutilée en 1793, a été restaurée en 1818, par M. Romagnesi, statuaire».


Teóricamente la orden de destrucción de estatuas de 1793 iba dirigida sólo a los pretendidos reyes. Quizás el mal estado del relieve se debió al vandalismo posterior, impune debido al abandono del edificio.


Desde 1817 hasta 1840 se hicieron algunas reparaciones puntuales; la más importante fue la de 1818, en la que también se limpió el portal norte. En 1843 se aprobó la restauración general que se encomendó en 1844 a Viollet-le-Duc y Lassus. Los trabajos empezaron en 1845 y se concluyeron en 1863. Desde 1850 a 1853 quedaron casi parados por falta de presupuesto.*

* Daniel D. Reiff, The Journal of the Society of Architectural Historians, Vol. 30, No. 1 (Mar., 1971), pp. 17-30. La fuente es un Journal des Travaux de Viollet-le-Duc y Lassus que abarca 1844-1864 y que se guarda en la catedral, pendiente aún de publicación.

Los datos que tenemos hasta el momento son: (1) La época de la mutilación, el año, el autor y una fotografía de la restauración; (2) fotografías del pilar sustituido, aún muy completo cuando estaba en la torre norte de Notre-Dame y, actualmente, ese mismo pilar en el museo de las Termas de Cluny, pero sin cabeza, brazo derecho, báculo ni dragón.

Es inevitable, pues, que entre la restauración de Romagnesi y la sustitución haya habido una segunda restauración dirigida por Viollet-le-Duc y que esas partes restauradas hayan sido eliminadas finalmente, al volver el pilar por segunda vez al museo de las Termas.

El parteluz moderno no gustó a todos. En 1859, un tal Léon Mougenot, escribió un artículo sobre la
barbarie destructiva y el escaso presupuesto para la restauración y conservación. Decía en nota:

A l’exception de certains monuments privilegiés; ainsi Notre-Dame de Paris, dont l’habile restauration entachée de prodigalité. V. entre autres le nouveau saint Marcel phthisique de la porte Sainte Anne, tandis que l’ancienne statue, toujours solide, qui venait d’être scrupuleusement copiée, se morfond présentemente dans le square ridicule de l’hôtel de Cluny.*

* Journal de la Société d’Archéologie et du Comité du Musée Lorrain (1859), pág. 287. Imaginamos que en lo de copiada hay un error y quiere decir restaurada no hacía mucho, quedando en buenas condiciones de solidez.

Así, tenemos una fecha ante quem, pero reciente, de la segunda restauración y del cambio.

Sólo nos quedaba especular un poco. Parece ser que entre Lassus y Viollet-le-Duc había diferencias de criterio. El primero era partidario de reparar los desperfectos de las estatuas, el segundo de sustituirlas, cuando las modificaciones modernas destacaran más que la parte antigua. Se podría suponer que primero se siguió el criterio de Lassus, pero que el resultado no gustaría a Viollet-le-Duc, e hizo la sustitución al morir aquel en 1857.


Pero la realidad es un poco diferente y sorprendente en cierta manera. Nos la cuenta un cuidador del museo de las Termas de Cluny, A. Erlande-Brandenburg, en un artículo providencial para nuestro tema, “Le saint Marcel du portail Sainte-Anne de Notre-Dame de Paris: sa «dérestauration», publicado en la Revue du Louvre et des Musées de France, 25, 3 (1985)*. No hubo segunda restauración propiamente dicha. Lassus y Viollet-le-Duc encomendaron la realización de la estatuaria a un equipo de escultores dirigidos por Geoffroy-Dechaume. Los arquitectos daban al escultor un dibujo de la escultura y éste hacía un modelo pequeño en escayola. Si era aprobado se hacía la escultura en escayola a tamaño natural y la colocaban en el sitio. Allí se hacían los últimos cambios si era necesario y con esas instrucciones Geoffroy-Dechaume esculpía la estatua en piedra. Este procedimiento era inviable con el parteluz, debido a su función de soporte del tímpano, así que el modelo natural se hizo eliminado las partes de la restauración de Romagnesi sustituyéndolas por nuevas de escayola, de un acabado cuidadoso en los detalles.

Cuando se cambió el parteluz en 1857, Viollet-le-Duc envió el pilar del siglo XII restaurado al museo abierto recientemente en el hôtel de Cluny, lujoso alojamiento construidoen el siglo XV, sobre unas antiguas termas romanas y palacio merovingio, por los cluniacienses para sus abades y reyes de paso. San Marcelo fue primero al jardín del hôtel; luego, a finales de siglo, pasó a cubierto, al frigidarium de las termas excavadas, donde la vio Fulcanelli y la hizo fotografiar Grillot de Givry.

Por remodelación del museo, hacia 1950 san Marcelo volvió a una sala de la catedral, en la torre norte.


En la fotografía del pilar horizontal puede observarse que parece roto por la mitad. Se rompió, en efecto, en el traslado.

Hacia 1980 se decidió restituir, en el ahora Musée National du Moyen Age, el antiguo portal de Sainte-Anne con las estatuas del siglo XII que se habían desenterrado recientemente. En 1982 san Marcelo volvió a las Termas, pero aún siendo de la misma época, su aspecto era muy diferente, en parte por la suciedad acumulada, en parte por las restauraciones. En 1984 se lo limpió y se lo “derestauró”, eliminando algunas partes que quedaban en piedra de Romagnesi y las de escayola de Geoffroy-Dechaume.

























En definitiva, tenemos documentos de la restauración de Romagnesi y de la de Viollet-le-Duc. Lo que nos falta, lo que no conocemos, es el original. ¿Tenía barba? ¿En qué posición tenía el brazo drecho y que gesto hacía con la mano? ¿Era alada la serpiente? No lo sabremos si no aparece ningún documento que describa averiguarlo.

En este recorrido nos hubiera gustado consultar algunas obras y artículos que reproducen imágenes. Una de ellas es la de Montfaucon, Monumens de la Monarchie françoise del siglo XVIII (y, puestos a pedir, también la colección de Gaignières, de un siglo anterior). En ellas se reproducen estatuas del portal de Sainte-Anne porque Montfaucon tenía la teoría de que representaban a reyes merovingios. ¿Está Saint-Marcel y su dragón entre esas reproducciones?

El dragón, que como hemos visto era una de las partes objeto de las dos restauraciones, recibió un elogio especial de Fulcanelli:

L’artiste créateur du monstre emblématique a produit un véritable chef-d’oeuvre, et, quoique mutilé, — le pennage gauche est brisé, — il n’en demeure pas moins un morceau de statuaire remarquable.

La interpretación alquímica que Fulcanelli hace del dragón convierte en alquimista a Viollet-le-Duc, si impuso el diseño, o a Geoffroy-Dechamp, si tuvo libertad en los aspectos de detalle.

Al menos Viollet-le-Duc no simpatizaba mucho con los hermetistas. A continuación de la interpretación moral del estilóbato del portal central, como si en su tiempo ya se hicieran interpretaciones alquímicas de esos bajorrelieves, (aunque, como vamos a ver, los ejemplos que da no se refieren ellos), en la Description de Notre-Dame escribe :

Cette interprétation s’éloigne un peu des explications bizarres qui on été produites depuis le XVI siècle par les Hermétistes, Gobineau de Montluisant à leur tête. Job serait la pierre philosophale, qui passse par les épreuves les plus diverses avant d’acquérir sa vertu finale ; Abraham l’artisan, le practicien; Isaac la matière dans le creuset ; l’ange le feu necessaire pour la transformation. Un corbeau de pierre aurait l’oeil fixé sur le lieu où les alchimistes ont enterré trois rayons de soleil, qui deviendront or au but de trois mille ans revolus, et diamans après trois fois mille.

En cualquier caso queda el disgusto de Fulcanelli por la alteración del zócalo:

Cette seconde édition, revue, corrigée et augmentée, est, certes, plus riche que la première, mais le symbole en est tronqué, la science mutilée, la clef perdue, l’ésotérisme éteint. […]Hélas ! en touchant à l’enveloppe on a laissé s’exhaler l’âme


APÉNDICE

Además de la fotografía de 1853 de los hermanos Bisson, hay un testimonio muy anterior de la restauración de Romagnesi, que parece haber permanecido olvidada. Se trata de una litografía en una obra publicada en 1823: Cathédrales françaises. Dessinées, lithographiées et publiées para Chapuy. 1re Livraison. Paris (Paris, 1823).

La copia digital suministrada por Gallica es preciosa (como la Margarita novella de Pietro Bono) aunque su calidad no permite apreciar detalles.